“Sin saber nada, lo hicimos todo”: el CEO de Roost Chicken y su receta para emprender con éxito
Escrito por Envapro el 18.07.2025 152

En plena pandemia y animados por un algoritmo que no paraba de mostrar imágenes de pollo frito en Instagram, Juan Pablo Rubio y sus socios decidieron lanzarse a una aventura gastronómica que, cinco años después, se ha convertido en una de las marcas más prometedoras del sector casual food en España: Roost Chicken.

En la entrevista del podcast Historias para Llevar, mantenida con el director de Estrategia de Envapro, Carlos Ortiz, el CEO de Roost Chicken comparte los entresijos de un proyecto que empezó con fondos propios y préstamos personales, y que hoy factura más de cuatro millones de euros anuales.

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“Pusimos todos nuestros ahorros y toda nuestra deuda personal, como muchos emprendedores. Pero sabíamos que había un hueco en el mercado y decidimos lanzarnos, aunque no teníamos ni idea de cómo hacerlo al principio”, recuerda Rubio.

El nombre original del proyecto era “Rooster”, pero un contratiempo legal les obligó a hacer un rebranding. Así nació Roost Chicken, con una imagen muy trabajada y un concepto de local que busca trasladar al cliente a una granja chic de estética rural americana: madera, paja, malla de gallinero, tonos cálidos y detalles cuidados. “Queremos que cuando entres a un Roost Chicken sientas que estás en un granero bonito”.

Aunque la inspiración inicial vino del clásico pollo frito americano, Roost Chicken se ha desmarcado de las grandes cadenas con un producto único: hamburguesas de pollo frito artesanal, marinadas durante 12 horas y rebozadas con una mezcla de siete especias propias. “Queremos que cada bocado tenga un sabor único. Si un nuevo producto no nos hace cerrar los ojos de placer, no lo lanzamos”, detalla el CEO.

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Entre sus platos estrella están la Smash Chiken, la burger con mac & cheese (llamada Bb Buucheese) y propuestas tan atrevidas como cócteles servidos en muslos de pollo o chicken gofres con sirope. La estética y la experiencia forman parte esencial de la propuesta. Así lo resume Rubio: “desde que pruebes nuestro producto, comer pollo frito dejará de ser como lo recordabas”.

Aunque Roost Chicken nació con un fuerte componente de delivery debido a las restricciones del Covid, hoy la experiencia en sala tiene mayor protagonismo. Aun así, el servicio a domicilio representa un 17% de su facturación y se gestiona en exclusiva con Glovo. La marca ha puesto especial cuidado en el packaging y la presentación de sus productos para llevar, manteniendo la estética y el carácter de su imagen de marca también fuera del local.

En el trayecto, no todo ha sido un camino de rosas. Una experiencia con cocinas ciegas no tuvo final feliz y tuvo que cerrarse tras generar pérdidas importantes.

“Supimos leer tarde que eso solo era rentable para grandes cadenas. Cerramos y seguimos”, recuerda Rubio.

Detrás de Roost Chicken se encuentran están Juan Pablo; su mujer Oriana Oropeza, responsable de Marketing, y su socio Pedro Rodríguez, encargado de Operaciones y Sistemas). Cada uno tiene un rol claro, pero Juan Pablo reconoce que su función actual se ha vuelto más estratégica, enfocándose en expansión y financiación.

Uno de los pilares del crecimiento ha sido la atención a las personas. La marca ha desarrollado una cultura interna donde se fomenta la excelencia desde lo más básico.

“No se trata solo de cortar cebolla, sino de hacerlo con mimo y perfección. Eso también se lo llevan a su vida”, defiende el empresario. El equipo es multicultural, con gran presencia de venezolanos, aunque Rubio aclara: “Nos da igual de dónde vengas. Lo que valoramos es la actitud y las ganas de trabajar”.

Con seis locales en Madrid (cinco propios y uno franquiciado), Roost Chicken avanza con paso firme pero sin prisas. La inversión media por local oscila entre los 250.000 y 300.000 euros. De momento, no buscan inversión externa ni una expansión acelerada. “No queremos ser una empresa que creció rápido y desapareció de golpe. Nuestro enfoque es orgánico y responsable”, defiende.

Rubio ve potencial para 100 o incluso 150 locales en España, incluyendo ciudades medianas y pequeñas. Pero, antes de eso, quieren seguir perfeccionando el modelo y consolidar su base.

Uno de los momentos más personales de la entrevista es cuando Ortiz y Rubio hablan del equilibrio entre el negocio y la vida familiar. Juan Pablo fundó la empresa junto a su pareja y recientemente se ha convertido en padre. “Pude disfrutar a mi hija los primeros 10 días. Luego tocó currar 12-13 horas al día. Pero, como pareja, nos complementamos. O los dos nos dedicábamos a la niña y descuidábamos el negocio, o uníamos fuerzas. Optamos por lo segundo”.

Rubio admite ser adicto al trabajo, pero también asegura haber trabajado en encontrar un equilibrio mental y físico. “El cuerpo te lo exige. Si no encuentras equilibrio, colapsas. Hay días duros, pero me digo: ‘esto es pasajero, mañana será otro día’”.

El empresario no esconde su ambición, pero la equilibra con una filosofía muy clara: crecer sin perder el control ni la esencia. Mantener el producto, la experiencia y la cultura interna como pilares es la prioridad. “La marca ha madurado muchísimo. Ahora sabemos cómo queremos transmitir la experiencia”.

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