Francesc Ross, el repartidor de pizzas que se convirtió en CEO de Pizzerías Carlos
Francesc Ross, CEO y cofundador de Pizzerías Carlos, no es un empresario cualquiera: comenzó en el mundo de la restauración repartiendo pizzas en moto a los 16 años. Ese primer trabajo se transformó con el tiempo en el punto de partida de su carrera como emprendedor. “Esto nace de la ilusión de dos treintañeros que tenían ya experiencia en el sector y querían montar algo propio”, cuenta en un reciente episodio del pódcast Historias para llevar, conducido por Carlos Ortiz, director de estrategia de Envapro.
Tras años como franquiciado en Telepizza, Ross decidió dar el salto junto a su socio, Carlos Hernández, para crear un nuevo concepto de pizzería que no compitiera en velocidad, sino en calidad. Así nació Pizzerías Carlos, un modelo pensado para familias, con atención cuidada en sala y pizzas completas para compartir. “Queríamos que la familia tuviera ganas de venir a nuestros locales, no solo los chavales que buscan algo rápido”, explica.
Hoy, la marca cuenta con cerca de 100 locales, factura más de 50 millones de euros al año y mantiene una rentabilidad del 10% al 15%. Con un ticket medio por establecimiento de 600.000 euros y una inversión inicial por tienda que ronda los 350.000 euros, la expansión ha sido constante, además de discreta. “Antes no hacíamos ruido porque estábamos centrados en abrir puntos de venta. Ahora ya contamos con departamentos de Comunicación, Estrategia y Marketing”, admite.
Ese crecimiento reservado se ha sustentado en una decisión estratégica poco común: alejarse de las zonas prime y centrarse en barrios residenciales. “Nos ubicamos donde la gente llega a casa y necesita una solución para la cena”, resume Ross. Allí, el concepto de compartir pizza entera ha calado hondo, convirtiéndose en seña de identidad.
Pero el camino no ha estado exento de retos. Durante la pandemia, la incertidumbre fue máxima. “Fue el momento más incierto. No sabíamos qué hacer.” Aun así, lograron crecer en facturación y abrir hasta ocho nuevos locales en ese año fatídico. Más recientemente, el apagón eléctrico en España supuso otro momento crítico. “Nos reunimos alrededor de un coche con la radio encendida para decidir qué hacer.” Aunque el 30-35% de los locales tuvo que cerrar, las pérdidas fueron moderadas gracias a una infraestructura bien protegida y seguros adecuados. “Muchos hosteleros tienen el seguro más barato solo para obtener la licencia. Hay que estar más cubiertos, especialmente con cómo están las cosas ahora.”
Uno de los grandes aciertos ha sido mantener el reparto a domicilio como una operación propia. A pesar de que el delivery ha dejado de ser tan rentable por el alza de costes, representa el 60% de las ventas. “No podemos depender de un tercero para algo tan crítico”, afirma. “El delivery se ha convertido en un lujo que el cliente aún no valora ni está dispuesto a pagar.”
Para Ross, la tecnología es parte del músculo que sostiene el negocio: software de gestión, control de calidad, logística y análisis de rentabilidad. “El dato es poder. Pero hay que saber extraerlo con las herramientas adecuadas.”
La compañía, que ya emplea a más de 70 personas en su oficina central, no descarta duplicar su presencia en España hasta superar los 200 locales, e incluso asoma la posibilidad de cruzar la frontera hacia Portugal. Eso sí, siempre con pies de plomo. “No podemos abrir 25 locales en tres meses porque moriríamos de éxito”, señala.
En 2022, la entrada del fondo DeA Capital como socio marcó un antes y un después. “Nos han ayudado a dar un salto gigante en estrategia y profesionalización.” Ese cambio estructural ha permitido a Ross centrarse en su nuevo papel: de operador a gestor. “Al principio haces todo tú. Luego tienes que rodearte de gente y centrarte en la gestión. Si no sales de la operación, no ves el bosque.”
La clave del éxito, según él, está en el equilibrio. “Por muy buen producto que tengas, si no es rentable, no sirve. Y si es rentable, pero sin calidad o servicio, tampoco.” Ross no duda en señalar una verdad incómoda sobre el sector, donde muchos comienzan con falta de formación. “Un gran cocinero puede ser un mal gestor, y eso puede acabar haciéndole odiar su propia pasión.”
La empresa sigue creciendo, pero sin perder de vista su esencia: barrio, producto honesto y gestión realista. Y aunque el futuro se mire con ambición, Ross sabe que cada decisión cuenta. “Igual vamos bien con el motor que tenemos, y si lo cambiamos, gripamos en cinco kilómetros.”
En lo personal, el CEO de Pizzerías Carlos se define como arrocero empedernido —“puedo comer arroz en desayuno, comida y cena”— y no duda al recomendar su restaurante favorito: Racó d'en Cesc, un clásico barcelonés con historia y cocina de herencia. “Deberíais invitar al chef al programa”, sugiere, para tener una próxima ‘historia para llevar’.
Fotografías extraídas de la cuenta de Instagram de Pizzerías Carlos.
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